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Patrimonio y escenografía

“Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casa antiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia” Julio Cortázar, Casa Tomada.

Bajo el lema “Compromiso de recuperación y puesta en valor del patrimonio arquitectónico Platense”, un emprendimiento hotelero está construyendo un edificio en el predio donde se encuentra la ex Fábrica Minoli, en calle 56 entre 2 y 3. La obra se compone de un bloque homogéneo de aproximadamente 50 metros de altura, que ocupará la parte delantera del predio en reemplazo de las instalaciones existentes, de las que solo prevé resguardar su fachada.

Si bien esta inversión empresarial es un hecho trascendente y beneficioso que puede aportar un incremento sustancial a la capacidad hotelera de la ciudad y mejorar su infraestructura turística, la inversión se cristaliza a partir de un diseño que, contrariamente a como se promociona, no tiene un manifiesto compromiso de recuperación ni pone en valor el patrimonio arquitectónico platense. Las imágenes son por demás elocuentes, el desprecio manifestado por el proyecto hacia el edificio histórico deja en claro que en lugar de ponerlo en valor, lo pone en ridículo.

 

Si el concepto de “preservación y puesta en valor de un edificio histórico” se basa en mantener únicamente su fachada, decisión que puede compartirse o no, debe acompañarse de una sincera intención de integración espacial, funcional y formal con la nueva estructura, que revitalice su carácter y permita recuperar en uso lo que se preserva del edificio histórico. Es darle la posibilidad de tener un nuevo ciclo de vida útil, integrado, complementado en un dialogo fluido con la intervención de una forma que verdaderamente potencie el valor patrimonial a preservar.

La puesta en valor de un edificio histórico no significa más que eso: incrementar su valía adaptándolo a nuevos usos, amalgamado a nuevas intervenciones arquitectónicas que potencian su funcionalidad, su espacialidad, su estética, para hacerlo útil a las necesidades actuales preservando los valores de su época. No es este el caso.

Por el contrario, la propuesta para el nuevo complejo hotelero propone transformar una estructura que fue parte de la historia de una ciudad pujante y en pleno crecimiento, en el basamento decorativo de un edificio que emerge por detrás cuya figura es una híbrido que utiliza tecnología de última generación al servicio de un diseño que solo logra ser una muy mala imitación de la arquitectura del siglo XIX.

La propuesta arquitectónica en su conjunto es sorprendente. Declara respetar el edificio histórico pero en realidad lo destruye al adosarlo a una construcción de dudoso carácter que le hace perder su verdadero valor. Transforma una estructura arquitectónica histórica en la anécdota de un edificio caprichoso. Convierte el patrimonio arquitectónico en la caricatura de una interesante inversión inmobiliaria erróneamente plasmada.

Para tener coherencia con lo anacrónico del diseño, la publicidad del nuevo hotel debería anunciar: “amplias habitaciones equipadas con braseros y mini heladeras a querosene, radio a galeno en las habitaciones premium, amplio lugar para carruajes, cómodas caballerizas.” Ironías aparte, satura la recurrencia de este tipo de casos en una ciudad que parece empecinada en no respetar su propia historia. Basta con recorrer algunas de sus calles o cotejar fotografías de distintas épocas, para dar certeza a ello.

Párrafo aparte merece considerar el motivo que permite construir un edificio de tamaña altura en una calle que tiene sólo 18 metros de ancho entre fachadas. Esta también es una forma de agresión al espacio urbano, al patrimonio intangible, a la vida de una ciudad que disfruto de calles soleadas y arboladas que van desapareciendo sistemáticamente por esta incomprensible permisividad a la especulación inmobiliaria que va mutando la ciudad higienista en una urbe oscura y desapacible.

Como evitar esta destrucción gratuita del patrimonio urbano es el desafío que nos cabe, a quienes administran la ciudad y a quienes la habitamos.

Una alternativa que indudablemente resultará beneficiosa a este fin sería dictar una norma que exija concursos públicos de proyectos cuando se trate de intervenciones en edificios de alto valor patrimonial. Esta medida no afecta ningún derecho individual, por el contrario, tiende a respetar el derecho de la ciudad a preservar su historia y sus valores.

No alcanza con definir solamente los niveles de protección patrimonial si la normativa deja lugar para que se materialicen agresiones de este tipo. Tampoco es  pretensión transformar la ciudad en un museo. NO. Preservar estructuras anquilosadas sin integrarlas a la dinámica de la vida cotidiana sería un error de igual desprecio por el patrimonio que el demostrado por la intervención que comentamos.

Un ejemplo de preservación patrimonial que debe ser modelo a seguir es el Pasaje Dardo Rocha. Inaugurado el 30 de agosto de 1887 como estación de trenes bajo el nombre “Estación 19 de Noviembre”, el traslado de la terminal ferroviaria en 1906 dejo el edificio sin uso hasta 1926, cuando el gobernador Luis Monteverde decide remodelarlo. En 1928  cambio su denominación por “Pasaje Monteverde” y fue destinado a la organización de exposiciones de arte.

En 1930 adoptó su actual denominación, ocupado por varias dependencias del gobierno provincial y también sede de Radio Provincia. Desde 1944 y durante 40 años funcionó el Correo Argentino. En 1994 albergó la Convención Constituyente Provincial. Finalmente, el edificio pasó a manos de la Municipalidad de La Plata y fue inaugurado como Centro Cultural en 1999, hoy el más importante de la región.

El Pasaje Dardo Rocha es el ejemplo que ratifica como una estructura de valor histórico puede ser funcional a la dinámica de la ciudad, sin necesidad alterar sus valores básicos, alojando usos y funcionamientos disímiles, decididamente integrado a las distintas etapas de la vida activa de la ciudad.

Retomando el tema sobre el edificio que origino el artículo, si alguien quiere saber porque la ciudad de La Plata fue declarada en 2012 Patrimonio en Peligro, no tiene más que mirar este ejemplo para entenderlo.

©Marcelo Gardinetti, 2012

Nota: 

Publicado en Guimat, tendencias urbanas, revista impresa coordinada por Arq. Raul Arteca

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