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Encuadres cinemáticos

La mayor parte de las obras producidas a fines del siglo pasado por Rem Koolhaas se encuadran en un proceso revisionista del movimiento moderno,  abierto a la búsqueda de un nuevo lenguaje arquitectónico acorde a las exigencias de la estructura social de fin de siglo. Este compromiso, que se nutre de algunos estereotipos de la vanguardia modernista, es transportado a una nueva estructura de relaciones formales que permite producir variadas disonancias al orden establecido.

Koolhaas ajusta el proceso narrativo a una sucesión de encuadres y pantallas que, articulados con cierta ironía, permite alcanzar sensaciones alígeras. En la Villa Dall’ava, el relato se construye como resultado de un minucioso análisis del programa y del lugar, estructurando una organización compleja, ataviada con fragmentos drenados en nuevas alegorías.

La villa se asienta en una zona residencial ubicada a un costado de la colina de Saint Cloud, con vista al valle del Sena. El lote tiene una dimensión irregular y se ensancha a medida que progresa en el interior de la manzana, extendido en forma transversal a la pendiente. El programa exige departamentos independientes para padres e hijos y una piscina en la terraza para disfrutar de las visuales hacia el centro de París.

Koolhaas enfrenta el problema de ocupar el lote sin afectar el paisaje. El plan se desarrolla sobre el eje longitudinal de la parcela, extendido en sentido de la pendiente y evitando desarrollos extensos que obstruyan la continuidad visual del terreno. La planta es dominada por un basamento que se va ampliando a medida que el terreno se hace más ancho. Una única pared se extiende en todo el largo de la villa y su densidad propicia el contraste con las transparencias del resto de los laterales.

Sobre este basamento, dos cajas elevadas se disponen de manera perpendicular en cada extremo para alojar los dormitorios. De esta forma, las vistas a nivel de suelo quedan liberadas y se resguarda la profundidad visual de las franjas laterales. Las cajas superiores disfrutan de inmejorables vistas: una hacia la colina y la otra al centro de París. Entre ambas, la piscina se implanta para acrecentar la variación de encuadres visuales que permite la casa.

El volumen de fachada descansa sobre el lado izquierdo del muro. En la profundidad opuesta de ese plano, una caja elevada revestida en chapa de color rojo propone un simulado equilibrio.

El ingreso desde la calle se transita entre un bosque de esbeltas columnas distribuidas aleatoriamente para soportar una de las cajas de dormitorios. El interior permite un recorrido con diversidad de vistas. El hall conduce a una rampa que se interna en la casa siguiendo la pendiente. El lado externo de la rampa está dominado por una ventana corrida que acompaña toda su longitud. Al finalizar el ascenso, las vistas quedan restringidas por la escalera que sube al dormitorio principal. Mediante un giro hacia la izquierda se alcanza el efecto contrario: la vista domina el jardín en toda su extensión.

El límite visual se diluye en la profundidad del lote. Cuando las ventanas de la sala de estar se abren, el interior se prolonga en el jardín. La caja de dormitorios, extendida sobre el basamento sin soportes, jerarquiza la presencia de los árboles y permite componer una sala de estar al aire libre. El desplazamiento dentro y fuera de la casa propone una dinámica de presencias espaciales que se revitaliza por los múltiples puntos de vista que instala el diseño.

Koolhaas compone una obra expresiva, relatada con la cadencia de un encuadre cinematográfico. La casa se relaciona al terreno sin oprimirlo. Construye un microcosmos urbano que resuelve el programa funcional de manera objetiva y racional. Sus diferentes materiales favorecen la presencia cambiante de tonalidades y texturas. En Villa Dall’ava, la arquitectura no impone las reglas sobre el suelo, lo progresa creando una nueva disposición concertada por escenografías que rememoran fragmentos de íconos modernos, dispuestos de un modo que rubrica la construcción de un relato unívoco.

©Marcelo Gardinetti, 2014

  • “La villa está situada en una colina que desciende abruptamente hacia el Sena, el Bois de Boulogne y la ciudad de París, en la zona residencial de Saint Cloud – un barrio caracterizado por casas del siglo 19 en un paisaje “Monet” clásico. El cliente quería una casa de cristal con una piscina en la azotea y dos «apartamentos» separados, uno para los padres y el otro para la hija. También querían una vista panorámica desde su piscina al paisaje de los alrededores y la ciudad de París. El sitio es como una habitación grande con una frontera hecha de zonas verdes con muros de jardines y laderas. Se compone de tres partes: un jardín en pendiente, el volumen principal de la villa y el garaje a nivel de calle con acceso en una cavidad. La casa se concibe como un pabellón de cristal que contiene las áreas de estar y comedor, con dos apartamentos perpendiculares flotando que se desplazan en direcciones opuestas para aprovechar las vistas. A ellos se suman la piscina, que se apoya en la estructura de hormigón recubierta por el pabellón de cristal.” Rem Koolhaas/OMA

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