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Planos y líneas en equilibrio

Las cualidades espaciales de la arquitectura neoplástica encuentran su formulación más consistente en las maquetas y axonometrías que Theo Van Doesburg y Cornelius Van Eesteren presentaron en la exposición de la galería L’Effort Moderne de París en 1923. Estos trabajos definen el espacio vertical como resultante de la combinación de planos flotantes, procesados como elementos pictóricos de carácter individual, en posiciones, proporciones y situaciones cambiantes. De esta manera, el espacio se forja como un continuo tridimensional de resultado contingente.

Sin embargo, aún sin alcanzar las cualidades espaciales de aquellos estudios, la casa Schröder resulta el emblema más significativo del grupo De Stijl. Este reconocimiento encuentra su mérito en la posibilidad de manifestarse como uno de los pocos hechos construidos bajo los lineamientos de los 17 puntos de la arquitectura neoplasticistaformulados por Van Doesburg en 1924.

El proyecto de la casa Schröder fue desarrollado en sentido casi antagónico a los trabajos de Van Doesburg y Van Eesteren. Rietveld construye una maqueta base con la forma de un cubo aplanado con la intención de formular diversos juegos de diseño que permitan romper el carácter monolítico de la caja.

Obsesionado en la descomposición de la geometría en términos de líneas y planos, trasforma la envolvente en una matriz construida por la superposición de muros, la incorporación de elementos verticales y horizontales y el uso del color para diferenciar cada entidad.

En la composición exterior, cada parte resulta visualmente independiente de la otra, pero que interactúa con la totalidad. Los elementos se relacionan entre sí, ordenados por un trazado que no surge de un orden geométrico sino de la apreciación visual de Rietveld, que los equilibra según su propia percepción.

El resultado exterioriza una sensación de ingravidez atípica para la época.

Rietveld extiende los componentes lineales o planos más allá del punto de intersección con otros elementos, para evitar que se cristalicen las aristas del volumen. Esta operación se exalta en la colocación de los planos horizontales atravesando los verticales como si estuvieran acanalados, simulando estar embutidos en estos.

El vano desaparece como elemento componente del muro. Los vacíos son generados por la intersección de planos opacos y completados con planos transparentes. Del mismo modo se destacan los planos, solapados entre sí, siempre uno termina superando el borde del otro.

Los elementos lineales actúan como ejes del sistema compositivo, estableciendo un juego donde los pilares nunca interceptan planos en las esquinas.

Los componentes también están diferenciados y clasificados por el uso del color. Rietveld utiliza tres tonos de gris, el blanco y el negro para las superficies y el rojo, azul o amarillo para los elementos lineales, según su característica y su ubicación.

En los muros aplica la tendencia óptica que adquieren los planos a retrasarse o avanzar por efecto del color. Cada plano es tratado como entidad y diferenciado por valores de oscuridad o claridad. Los planos blancos se ubican por delante de los grises para acentuar la separación entre ambos. De esta forma, el blanco genera una sensación de  aproximación y el gris de retroceso.

Los dinteles y carpinterías están pintados de negro e inducen otro efecto visual. De día, la mayor cantidad de luz en el exterior con respecto al interior provoca que los vidrios parezcan oscuros y diluyen visualmente el dintel en el plano. De noche, cuando la luz del interior es mayor, se funde en la oscuridad de los muros exteriores logrando el mismo efecto.

Esta composición turbulenta entretiene la atención de la definición espacial interior, que se limita a la ruptura del ángulo provocado por la intersección de planos ciegos y transparentes y la creación de planos móviles que cambian la configuración del primer piso de acuerdo a las necesidades funcionales. Para mantener la imagen articulada de la envolvente en el interior de la vivienda, Rietveld traslada el movimiento de planos y colores que fueron utilizados en el exterior.

La casa Schröder compone una figura compleja y singular. Su diseño canaliza las aspiraciones de la vanguardia plástica y conforma un hito indeleble de la historia artística de la época. Como expresara Van Doesburg: “al reunir todas las artes en sus manifestaciones más elementales, reve­la su verdadera esencia.”

©Marcelo Gardinetti, 2014

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