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Dibujos institucionales del movimiento moderno

En la posguerra, durante el primer revisionismo del movimiento moderno, algunas escuelas de arquitectura coincidieron en abordar el análisis abstracto de la arquitectura, aseverando que los actores fundacionales asimilaron en su desarrollo las operaciones pictóricas expresadas por el cubismo.

Uno de los propulsores de este pensamiento fue Bernard Hoesli quien, después de abandonar el estudio de Le Corbusier, ocupo un cargo en la Escuela de Arquitectura de Austin1. Desde ese lugar académico, Hoesli desarrolló una teoría que convalido en un memorando universitario, donde afirma que dos dibujos tridimensionales tuvieron una incidencia precisa en casi la totalidad de las operaciones arquitectónicas del período de entreguerras, y fueron determinantes en la concepción del espacio moderno: La perspectiva de la estructura Dom-ino y las axonometrías de las contra-construcciones neoplásticas2.

La perspectiva de la estructura Dom-ino formulada por Le Corbusier junto a Max Dubois en 1914, surgió como una alternativa para facilitar la reconstrucción de las viviendas devastadas por la primera guerra mundial. Se corporiza mediante seis columnas de hormigón que sostienen dos planos horizontales, inferior y superior. La serie de columnas de retraen varios centímetros del perímetro para permitir que una argamasa de escombros de las viviendas destruidas cierre los laterales en todo su perímetro. Sincrónicamente, la circulación vertical se formula por fuera de la matriz tridimensional.

El módulo podía aparearse de diferentes maneras, como si se tratara de fichas de dominó. Esta disposición nunca fue utilizada para la reconstrucción de viviendas, pero engendró las condiciones necesarias para la formulación de la “planta libre” y la independencia formal de los paramentos verticales.

En esta operación el espacio queda definido por la estratificación de planos horizontales. Los muros dejaron de ser estructurales para alcanzar una libertad de movimientos hasta entonces desconocida. La escalera, al quedar exenta de la estructura, también se potencia como elemento plástico. Así, los elementos componentes del espacio arquitectónico manifiesten, de manera individual, una cualidad análoga a las pinturas de Malevich: planos liberados de cualquier función que se potencian como elementos primarios de carácter representativo. De esta forma, el espacio queda definido como el volumen limitado por superficies horizontales estratificadas y planos verticales que, al estar liberados del soporte estructural, pueden alcanzar dimensión pictórica3. La relación dialéctica entre planta y elevación alcanza una estructura compositiva que rige cada parte por sus propias leyes.

El otro dibujo es resultado de una búsqueda plástica que no tendrá correlato con una obra posterior, pero expuso una nueva manera de pensar la arquitectura. La axonometría de la maisón d’artiste de Theo Van Doesburg y Cornelius Van Eesteren presentada en la exposición de la galería L’Effort Moderne de París en 1923 nace de una reflexión abstracta sobre la forma arquitectónica.

Van Doesburg y Van Eesteren captan las implicancias tridimensionales de la abstracción geométrica y proponen la ruptura de los esquemas axiales del clasicismo. El espacio vertical es resultado de la combinación de planos definidos como entidades flotantes. Estos planos son tratados como elementos pictóricos de carácter individual, en posiciones, proporciones y situaciones cambiantes, de manera que el espacio se construye mediante un continuo tridimensional de resultado contingente.

En esta secuencia, el color juega un rol preponderante definiendo el carácter de cada entidad: “el color ha puesto de manifiesto un nuevo enunciado formal de la arquitectura: la relación topológica y proyectiva entre volúmenes, planos, líneas, color, elementos matemáticos que por si mismos no son componentes ni fragmentos de arquitectura”.4

Años después, en el diseño del pabellón de Barcelona, Mies Van Der Rohe reinterpreta estos conceptos. La estructura rítmica de columnas soporta un plano horizontal que estratifica el espacio, pero los planos verticales se disponen con absoluta libertad propiciando la simbiosis espacial que invade todo el conjunto. El pabellón, representación cabal de los ideales del movimiento moderno, conjuga cualidades observadas en los dos dibujos.

Estos gráficos de concepciones antagónicas, uno producido en la exploración de las soluciones técnicas y el otro en la búsqueda de la abstracción del lenguaje, son en realidad esquemas sobre los que germina la praxis del movimiento moderno: un lenguaje geométrico simple y reducido a pocos elementos, donde el espacio es flexible, los paramentos tiene su propia ley compositiva y el color se integra como un componente definitorio.

©Marcelo Gardinetti, 2015

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