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Bermas sin alegorías

En los años sesenta del siglo pasado, en pleno desarrollo de la cultura pop, una parte del panorama arquitectónico viraba hacia un posmodernismo cargado de ornamentos y referencias como respuesta al formalismo abstracto del movimiento moderno. Los escritos de Robert Venturi, uno de sus más destacados intérpretes, impulsaban la vuelta a una representatividad simbólica, no como alternativa sino como reemplazo de una arquitectura que consideraban perimida.

La obra de Emilio Ambasz es contemporánea a esos textos. Y aunque el arquitecto argentino también se consideraba posmoderno, pensaba que esta manera de concertar la arquitectura era desacertada:

“sentí que los posmodernistas estaban respondiendo a una necesidad, pero estaban dando una respuesta equivocada. Estaban reconociendo una necesidad real del ornamento. Yo también quería ornamento, pero no de esa manera. Mi forma de hacer ornamentos es usando la naturaleza.” (1)

El trabajo de Ambasz mantiene la incógnita de una metodología proyectual, pero asevera la incorporación de la naturaleza como parte inescindible de su arquitectura. La génesis de su obra procede de una convicción por cubrir sus obras con la vegetación y hacer que su arquitectura se desvanezca en el sitio.

Este pacto resulta convincente en Ambasz cuando dispone de un paisaje cómplice donde intervenir. En estos casos, su arquitectura se esconde en el ambiente natural y se deja ver a través de máscaras cargadas de significado simbólico. Una de sus obras más relevantes, la casa de retiro Córdoba, se funde en el paisaje y se exterioriza a través de una máscara que evoca la tradición andaluza. El edificio para la Fundación banco de ojos de Venecia repite ese tipo de alegorías; La obra se oculta tras dos pantallas que simbolizan el fresco de la Capilla Sixtina “la creación de Adán”, obra de Miguel Ángel.

Por el contrario, cuando este mismo criterio se utiliza en áreas densamente urbanizadas, la fuerza de su mensaje se desvanece en un rol complementario. Estas circunstancias son evidentes en el proyecto para el Museo del arte, arquitectura, diseño y urbanismo de Madrid, donde la propuesta arquitectónica se esconde tras dos paredes verdes, o en la intervención en el Centro de intercambio cultural ACROSS Fukuoka, donde la naturaleza no “esconde” su arquitectura, pero se reconcilia con una ciudad densamente urbanizada.

Quizás el acuerdo más logrado resulte el Conservatorio Lucile Hasell, donde Ambasz alcanza una mímesis acertada que no requiere de máscaras para delatar la presencia de su arquitectura. El proyecto promueve un decidido equilibrio entre las estructuras tectónicas y las bermas naturales.

El programa del conservatorio exige la creación de varios microclimas en espacios individuales. Esta exigencia es funcional a la teoría de Ambasz, que concibe diferentes edificios, cada uno con sus propias condiciones climáticas y su propia configuración espacial, y los congrega a través de un patio hundido.

Conservatorio Lucille Halsell ©Emilio Ambasz

Los espacios de uso están cubiertos de bermas de tierra que reducen la carga térmica. Una serie de galerías horadadas en la tierra, típicas de la obra de Ambasz, conectan los edificios lateralmente circundando el patio que confiere unidad al proyecto.

Aleatoriamente, según lo requiere el programa, estructuras transparentes en forma de conos y pirámides emergen para permitir el paso la luz natural y consolidar la formación del microclima. De esta manera, las necesidades de aclimata miento mecánico se reducen considerablemente, favorecidas por el equilibrio alcanzado entre la superficie cubierta por la tierra y las que se exponen a la luz solar. Los esbeltos soportes metálicos y las superficies de vidrio transparente reducen al mínimo el impacto sólido sobre la naturaleza.

En este edificio, Ambasz reitera su insistente fábula de verde sobre gris, aunque en este caso, su idea de poner lo blando sobre lo duro es más que eso. La obra logra reconciliar la arquitectura con la naturaleza de un modo consistente, cohesionado y sin necesidad de apelar a las alegorías para definir su presencia. Su ambición por presentar modos alternativos de futuro, encuentra aquí un caso explícito que expone su doctrina sin reservas, con la ayuda de un programa que cabe perfecto a su idea.

©Marcelo Gardinetti, 2017      

Notas:

  1. Vernon Mays, The elusive Mr Ambasz, architectmagazine; julio 31 de 2009

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