Saltar al contenido.

Paisaje de la memoria

Según el parecer de Keith Jenkins, la historia es un discurso sobre el pasado, aunque en una categoría diferente a este, porque no crea el mundo físico; Se apropia de los acontecimientos y le proporciona significado mediante una construcción lingüística que es producto de la investigación.

La arquitectura, por el contrario, crea una parte mundo físico. Lo altera, lo condiciona o lo mejora según el caso. Es sincrónico a su época y tiene como condicionante su entorno. Sin embargo, cuando practica un ejercicio narrativo sobre acontecimientos del pasado también se apropia de los acontecimientos para alcanzar significado.

Estas premisas se verifican en el trabajo de Libeskind para el museo del holocausto de Canadá. Como en Jussein Museum de Berlín, Libeskind construye un espacio mudo, tensionado y monumental para expresar uno de los momentos más oscuros de la humanidad.

Austero en el uso de materiales, pero no en sus formas y significados, el trabajo de Libeskind conjuga un paisaje expresivo que busca mantener presente los sucesos del holocausto. Construye una figura cargada de tensión, que apela a muros inclinados y pasajes estrechos para reflejar el dolor y el sufrimiento.

El edificio se compone de seis volúmenes triangulares en torno a un espacio central que reconstruyen la estrella de David, símbolo visual del holocausto, aunque con una traza irregular necesaria para adaptar la figura al terreno.

El ingreso al museo se ubica mirando al oriente. El interior, acotado por los gruesos muros de cemento, no permite la conexión con el interior. El espacio central de la estrella es un espacio neutro que está destinado al encuentro y el intercambio. En el confluyen los seis triángulos. Cada volumen ofrece un tema único.

La interpretación, la contemplación y los recuerdos son los temas a los que apela la narración en cada espacio, mediante la reproducción sobre los muros de cemento de las fotografías de los campos de exterminio tomadas por Edward Burtynsky. De esta forma, el impacto visual es intenso y permite transportar al visitante en tiempo y espacio.

Una de las alegorías más logradas del museo es la escalera de la esperanza, atraviesa un potente muro inclinado para alcanzar la terraza con vistas al parlamento. Por el contrario, el volumen triangular de mayor altura es un espacio vacío, un sitio inerte al que se accede desde una ínfima abertura, donde solo puede verse el cielo. En los espacios exteriores al museo, una sucesión de especies vegetales fue plantada para que evolucione con el tiempo, en alusión a los sobrevivientes del holocausto.

Libeskind encuentra en la fragmentación del espacio una manera de traducir el pasado. Los muros inclinados, las aristas potentes y los pasillos laberinticos, que en muchas de sus obras resultan tediosas y sin sentido, aquí adquieren un significado poderoso. Son formas incomodan a la memoria, que buscan reflejar el sufrimiento y el dolor de la ausencia  para que este acontecimiento nunca sea presa del olvido.

©Marcelo Gardinetti, 2018   

 

Fotografía: ©doublespace

Referencias:

  • Keith Jenkins, Repensar la historia, editorial Siglo XXI
Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: